jueves, 20 de abril de 2017

Un trozo del Prólogo realizado amablemente por Ziley Mora Penrose para mi libro Magia Ausral:


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(ZILEY MORA PENROSE)


«La primera sabiduría del sur del mundo entonces, la protofilosofía chilena, fue sinónimo de empezar a desarrollar coraje, dominio emocional, voluntad y afirmación de sí frente al estremecimiento cósmico de volcanes, terremotos y mareas incontenibles. Fue un aprender a hacer brujería, pero brujería para acorazar la propia debilidad y la extrema indefensión. En total consonancia con los aportes de Fritz Roa, postulamos aquí la tesis que jamás se habría desarrollado este kimün, este saber, de no ser el Chile arcaico el espacio del milagro, de la lucha mítica, esa terraza inestable de lo que queda luego de la lucha de las dos serpientes, Kay-Kay o el mar bravo y Treng-Treng, el cerro nuevo y salvador, ese que se levanta a punta de explosión de fuego interior, ganándole al maremoto sólo lo suficiente para sacar fuera del agua su nariz pétrea, que dé el aliento de vida a los desprotegidos seres sintientes de este angosto pasillo. Para ello, para salir de tamaña indefensión, imitando a los volcanes y generando fuego interior, para superar el espanto nocturno, se requirió magia; es decir, desarrollar el arte de conocer la fuerza plasmadora de los intrincados laberintos del propio piwke (corazón + cerebro) que habitualmente enreda el máximo tesoro, la mente autoconsciente, verdadero y único escudo para morir con los ojos abiertos sin angustia, para hacer frente a las flechas envenenadas de las Potencias del Abismo, y de cuanto dardo energético procedente de las primeras envidias humanas. Ese Chile, que como nunca era lo que es hoy, una especie de terraza, una terraza infinita, infinitamente larga y angosta, al borde de un océano gigantesco, requería disponer de una precaria defensa, de una arma contra la impermanencia. Entonces, para contrarrestar lo duro del destino, los eternos inviernos de los fiordos, por ejemplo, el primer kimün o sabiduría súrica como le llama nuestro autor, la primera arma fue inevitablemente esta primera ingeniería “blanda”, fue ese insomne arte o ejercicio de esculpir y modelar un cuerpo a golpes del cincel a la voluntad según del modelo de virtud de los altos espíritus (pillán), antepasados suyos y compañeros de Elal, Ollal, Elchen, Timawkel, Hunuc Huar, Ngenechen o como quiera que les hayan llamado a los primeros maestros o héroes civilizadores, los creadores del territorio del sur»

ZILEY MORA PENROSE.

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